Fresa y Chocolate: Capítulo 4

4- LLEGAN LOS POSTEGUILLO A COLOMBIA

(nuevos protagonistas a partir de este capítulo de nuestra historia)

Doña Gertrudis del Castillo y Molina: Encopetada dama española. Nacida en cuna de alta alcurnia, cuya familia y la de su esposo se “codeaban de tú a tú” con los reyes de la corona en dicho país, de quienes fueron importantes proveedores con telas y paños especiales.

Su noble espíritu y fuerte convicción religiosa sobre la buena práctica de la caridad cristiana, la indujo a convertirse en líder comunitaria y benefactora de varios programas y obras sociales, granjeándose en consecuencia el respeto y el cariño de prácticamente toda la población que la conocía físicamente o por referencias de los vecinos.

Para la época de la narración, recién acababa de cumplir los 49 años, pero su traumático estado de salud la hizo parecer, durante un tiempo corto afortunadamente, una mujer mayor, casi anciana.

Casada con Don Manuel Posteguillo y madre de 5 hijos, entre quienes destacaremos a Alfonso, el menor de ellos, como coprotagonista de nuestra narración.

Don Manuel Posteguillo: Exitoso comerciante español, importador de telas y paños confeccionados en Asia y Europa; habilidoso sastre especializado en confección de trajes para uso masculino. Casado con Doña Gertrudis y diez años mayor que ella, adoraba a su esposa y daría o haría lo que fuera necesario para recuperarle el estado de salud, la alegría y dinamismo que la caracterizaban y empleaba para el desarrollo incansable de la labor social de su meritoria cónyuge.

(continua la historia…)

Aparece entonces en escena Doña Gertrudis del Castillo y Molina, cincuentona dama de rancia estirpe, aristócrata por herencia familiar desde incontables generaciones. Nacida en el corazón de Toledo, insigne y famosa población ibérica de la entonces conocida como la “Madre Patria”, pero residenciada esta matrona en Colombia desde casi quince años atrás, a raíz del nombramiento de su esposo como honorable “Sastre y consejero de la Moda para la Corona Española, sus magistrados y delegados ilustres en América”.

Cuando el par de cónyuges, Doña Gertrudis y Don Manuel Posteguillo llegaron a estas tierras, el bajísimo precio de la propiedad les permitió escoger y hacerse a una enorme casa de inmediato, gracias a la holgada fortuna económica de que disfrutaban.

Se instalan entonces en la aún pequeña pero acogedora ciudad de Santa Marta, en el Caribe colombiano, en una mansión con salida al mar y un lote privado sembrado de frutales, flores y diversas plantas ornamentales, un corral de gallinas y una “cuadra” para el albergue y alimentación de un par de hermosos caballos importados de Arabia, uno de ellos de pelaje totalmente negro, y el otro alazán de pelaje color canela con una gran mancha blanca desde la frente hasta el inicio del belfo superior.

Se encontraba rodeada toda esta propiedad con murallas de rocas y argamasa, techo en tejas de barro cocido, material conseguido sin problema en la región. Las paredes interiores construidas con guadua y esterilla del mismo material, “pañetadas” (recubiertas) con una mezcla de boñiga y argamasa, pintadas luego con una base lechosa de cal.

Replica_Casa_Familia_Posteguillo_Santa_Marta

Las puertas, ventanas y chambranas, todas en madera, pintadas de color rojo, siguiendo la usanza y costumbre española de la época. Esta magnífica propiedad ocupa poco más de una manzana completa de extensión.

Nota del autor: Foto que reproduce una réplica sobre el corredor trasero de la casa habitada por la familia Posteguillo en Santa Marta (mediados del siglo XIX), basada en versión memorizada por los progenitores de Margarita Valdivieso, nuestra generosa interlocutora quien hizo posible la narración de esta historia.

(Hoy día desafortunadamente ya no existe, pues fue demolida para construir un hotel y áreas de esparcimiento para turistas.)

No obstante ser una zona bastante tranquila, con pocos habitantes en el vecindario, el hambre física ya estaba haciendo estragos, induciendo a la aparición de los primeros “amigos de lo ajeno”, aunque sus botines se restringían básicamente a la sustracción de víveres y eventualmente algunas prendas de vestir.

Ello condujo a que, por precaución, durante las noches principalmente, se bloquearan las puertas y algunas ventanas con lo que conocemos como “trancas” o sea travesaños y soportes de madera.

(continúa el relato)

Felicidad y viacrucis de Doña Gertrudis.

(No se pierdan la próxima entrega. Es que definitivamente muchas veces “la suerte del pobre la desea el rico”. Continuaremos entonces con la historia… ¡Les va a sorprender!

Publicación: ISAN-0143-070226

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